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Colores pensados para durar

Un lápiz de color profesional puede costar hasta 14 veces más que uno escolar. La diferencia no está en el cuerpo del lápiz, sino en lo que deja sobre el papel con el tiempo.

Los lápices escolares buscan impacto inmediato: colores intensos, pero poco estables. En cambio, los lápices profesionales tienen mayor concentración de pigmento. El color se construye por capas, se controla y se mantiene.

Por eso se usan para obra original y archivo: el mismo tono debe verse igual hoy y dentro de años.

Esa diferencia no tiene que ver solo con el dibujo. Tiene que ver con cómo se formula el color y con la intención que hay detrás de su uso. Pensar el color para durar implica aceptar que no todo debe verse intenso desde el primer momento. Que hay materiales y procesos donde el tiempo también forma parte del resultado.

Con el lino ocurre algo similar.

En soloio, el color no está pensado para imponerse al primer uso, sino para sostenerse con el tiempo. El lino absorbe el tinte de forma natural, suaviza los matices y permite que los tonos se lean con claridad sin saturar.

Nuestros colores funcionan como un buen pigmento: no buscan llamar la atención de inmediato, sino acompañar el uso real, la luz del verano y el paso del tiempo.

Porque cuando el color está bien formulado, no necesita exagerarse.

Solo necesita durar.

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